¿Atraemos lo que tememos?

Atraemos hacia nosotros aquello que deseamos o rechazamos según el poder de nuestras expectativas y creencias. Pongamos atención a los miedos que tenemos porque atraemos hacia nosotros aquello que tememos. Si tiene miedo a equivocarse, tiene muchas más probabilidades de equivocarse. Del mismo modo, prestemos atención a lo que creemos, puesto que nuestras creencias influyen directamente en la realidad que vivimos. Si cree que no podrá, será cierto y no podrá. Si cree que podrá, también será cierto y podrá. A esto se le denomina la profecía autocumplida, una expectativa que incita a las personas a actuar de formas que hacen que lo que esperan se convierta en realidad.

Miriam Subirana


Exposition de toiles à la Maison de la by Denis Collette...!!!, on FlickrImagen por Denis Collette…!!! en flickr

¿Era tan difícil hacerlo mejor?

Todo esto, que delata un buen puñado de patologías, suscita el desasosiego de preguntarse si era tan difícil haber hecho las cosas siquiera algo mejor. ¿Era realmente tan difícil para el presidente no poner la mano en el fuego por otro sospechoso de su partido, volviendo a parecer que dirige una famiglia al modo mafioso, y sencillamente confiar en la investigación en curso? ¿Era tan difícil aceptar que Cataluña requiere algo más que condenas, sin convertir a Llarena en el pelotón spengleriano para sostener el peso del Estado? ¿Era tan difícil ver el disparate de la falsificación de documentos para justificar un escándalo en una Universidad bajo sospecha de servir como agencia de colocación para el PP? ¿Era tan difícil para Ciudadanos aplicar la fórmula Murcia por el tacticismo de mantener a Cifuentes con el respirador artificial de una comisión de investigación? ¿Era tan difícil un nacionalismo si no del siglo XXI al menos no del XIX? ¿Era tan difícil advertir que la política ya no resiste esos niveles de insensibilidad y prepotencia?

Teodoro León Gross

¿Es cierto que los ricos ya no son ostentosos?

Una de las ventajas históricas y tradicionales de los ricos ha sido que podían exhibir su opulencia, con distintos grados de vulgaridad, a los que se les acercaban con envida o admiración. Siempre, por supuesto, desde una prudente distancia. Algo está cambiando: algunos comentaristas, como la experta en políticas públicas de la University of Southern California, Elizabeth Currid-Halkett, afirman que las nuevas generaciones de potentados no disfrutan reafirmándose de este modo con cochazos, mansiones, joyas deslumbrantes o fiestas en yates. Prefieren la sutileza.

Gonzalo Toca

Origen: ¿Es cierto que los ricos ya no son ostentosos? – Yorokobu

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