Cabezas de ratón

El supuesto metodológico de que los políticos buscan cargos, fama y ganancias materiales, aunque algunos persigan también objetivos políticos o ideológicos más o menos definidos, tiene bastante apoyo empírico. Pero la diferencia está en el contexto. Si el sistema político está altamente institucionalizado, se cumplen las leyes cabalmente y las compensaciones personales de participar en la acción política son suficientemente satisfactorias, entonces jugar en equipo y de acuerdo con ciertas normas de competición colectiva, así como la cooperación entre rivales cuando hace falta, puede producir altas cuotas de utilidad social. Pero si —como ocurre en España— los recursos públicos que pueden ser reasignados son exiguos, los salarios de los políticos son bajos, la consiguiente tentación de sobresueldos y sobornos ilegales está más vigilada que antes y, en general, la actividad de los políticos conlleva mucha exposición al escrutinio público y escasa eficacia social, el cálculo del participante puede ser: o consigo algo para mí mismo y mi grupito o no vale la pena el esfuerzo.

Josep M. Colomer

Cadenas etéreas

La mayor dificultad con que tropieza el trashumante Puigdemont para convencer al mundo de lo justificado de su causa es que los motivos de tan inaplazable rebelión (inmediatamente aplazada) no están nada claros. Después de todo, piensan los extranjeros menos empáticos, para meterse en un fregado de tanta importancia hacen falta razones de alta gama. Por más que mira, el obtuso forastero sólo ve una región mediterránea envidiablemente desarrollada, tutelada por el proteccionismo estatal desde el siglo XIX, que goza de una autonomía administrativa cuasi federal, con instituciones cívicas y culturales propias de primera magnitud, centro editorial y universitario de toda España, a la cabeza del diseño, gastronomía, fútbol y prestigios no inferiores… Ver a sus ciudadanos arrastrando cadenas invisibles, desafiando a las leyes que tanto les benefician y clamando agónicamente por la llibertat como los esclavos de Nabuccoresulta bastante chocante. A ver, a ver, explíquemelo mejor…

Fernando Savater | El País

Café

Me gusta mucho el café. Me lo bebo preparado de varias formas, pero prefiero a presión: el espresso. No tengo en cuenta en mi lista por tanto el café turco o árabe, que me gusta, pero que es distinto. Sé poco de orígenes porque cada taza es única: nunca he bebido varios cafés preparados por la misma máquina y el mismo cafetero con distintos granos. Son incomparables. Jordi Pérez Colomé

Café para todos

Image from page 135 of "St. Nicholas [serial]" (1873)En moderación, tomar café tiende a mejorar la salud, no a dañarla. Los análisis a gran escala de los daños o beneficios de una taza de café han demostrado casi todos sus aspectos como positivos o, por lo menos, neutros.

Otro reciente estudio, realizado en más de medio millón de habitantes del Reino Unido, vuelve a confirmarlo.

Sergio Parra

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