Hacer nación en la escuela

La lengua materna, que para la mayoría es el castellano, ha dejado de ser vehicular y, en las comunicaciones, ha sido reducida a asistencial. ¿No del todo? No, claro, sólo todo lo posible y, mañana, más. La coartada: el catalán, en desventaja en la calle, necesita compensación, y la inmersión facilita la cohesión social. La realidad es que el castellanohablante se ve en desventaja, como cualquier grupo separado de su lengua materna; y se envía un mensaje: el castellano es tan ajeno como el inglés (sólo que este lo hablan los ricos y, aquel, los pobres).

Mariano Fernández Enguita

Origen: Cataluña: Hacer nación en la escuela | Opinión | EL PAÍS

Hágalo usted mismo

¿Por qué los bombones o las flores son femeninas y los cables y enchufes masculinos? Desconfío de las burdas interpretaciones psicoanalíticas que les atribuyen un simbolismo sexual: las clavijas macho-hembra, los empalmes, las alargaderas, los polos contrarios, las descargas eléctricas… y otras vulgaridades.

Cables y enchufes son un arquetipo masculino porque es un hecho que desde el paleolítico superior las mujeres se han ocupado de ciertas labores domésticas, como los vestidos, la crianza y la preparación de alimentos, mientras los varones se dedicaban a las tareas de acondicionamiento y reparación de la cueva. Rodolfo López Isern

Hartazgo

Cualquiera que haya tenido la oportunidad de vivir un tiempo en algún país europeo, incluido Italia, habrá observado que los políticos profesionales tienen un estatuto social parecido al de los cirujanos, ingenieros o gemólogos. Rara vez se habla de ellos y su figura física es casi desconocida excepto en las más altas instancias, jefe del Estado, presidente, primer ministro, alcaldes de las metrópolis y poca cosa más. Cuando un político de segunda categoría, lo que incluye a los ministros, aparece en la tele o en los diarios, es porque está lidiando con algo excepcional, sea la explosión de una central nuclear, una invasión de langostas o un juicio por pederastia. Nosotros tenemos la enorme dicha de soportar diecisiete presidentes, una montaña de ministros e infinitos políticos sin la menor relevancia, pero presentes en todos los informativos y, cosa sorprendente, en las revistas de peluquería

Félix de Azua

 

 

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