La alianza nacional-populista

Lo que estamos viendo en Cataluña es algo muy antiguo: la activación de las ideas de la tribu y de la exclusión, la imposición de la visión del campo sobre la visión de la ciudad, la idea de la importancia del origen por encima de la ciudadanía, la creencia en que quienes han nacido en un lugar son mejores que los que han nacido en otro sitio, el énfasis en un elemento distintivo -en este caso la lengua-, un agravio histórico -una derrota honrosa a la cual siguió un periodo oscuro de supresión de libertades: 1714, 1939, la sentencia del Estatut- que en el fondo nos ha hecho más fuertes porque nos brinda la oportunidad de corregirlo en el futuro, el uso de los medios de comunicación en un proyecto de construcción nacional. Se propone crear una nueva frontera y en algunas versiones tiene tentaciones expansionistas. Es el contenido del nacionalismo.

Daniel Gascón

Origen: La alianza nacional-populista | Opinion Home | EL MUNDO

La atención interna

En nosotros hay dos clases de atención, una externa y la otra interna. Por ejemplo, cuando uno se observa a sí mismo, los propios estados de ánimo, los pensamientos, y demás, se está empleando la atención interna —es decir, la atención que no está dirigida hacia ningún objeto externo, visible, tangible o audible a través de los sentidos. La observación de sí no se refiere a cosa alguna que los sentidos pueden ver, oír, etc., sino lo que únicamente el sentido interno puede observar. Esta es la atención interna. En cuanto a colocar la conciencia mediante la atención en diferentes partes del cuerpo, es preciso empezarlo gradualmente. Por ejemplo, por medio de la atención interna, ¿puede llegar a tener conciencia de una parte particular de su cuerpo, digamos, el pie izquierdo, y luego trasladarla al pie derecho, y así sucesivamente? Es inútil tratar de relajarse a menos de tener alguna idea de lo que significa la atención interna dirigida hacia una parte determinada del cuerpo.

Maurice NicollComentarios Psicológicos Sobre Las Enseñanzas De Gurdjieff Y Ouspensky – Tomo III

La buena educación

Todos los días del año, los cibernautas vamos dejando en la red abundantes rastros a tiempo real de nuestra personalidad, gustos y opiniones cada vez que visitamos una página web, cada vez que escribimos un comentario, cada vez que emitimos una opinión en un chat o incluso cada vez que le damos al famoso botoncito del “Me gusta” de Facebook.

ateo666666 | La Ciencia y sus Demonios


Los franceses llaman petite mort al orgasmo. Por ese estado de semiinconsciencia que se le queda a veces a uno o por esa cosa de que acabamos como de soltar un poco de vida. Es una expresión bonita, un poco exagerada tal vez, pero bonita. Hace evidente aquello de que en cada minuto nos vamos muriendo un poco, que en cada cosa que hacemos nos dejamos un jirón de existencia, que nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar y etcétera.

Eduardo Sáenz de Cabezón | Yorokobu


Me tocó moderarlos a mí. Uno está acostumbrado a que lo moderen, no a moderar. Resultó facilísimo, lo cual reafirma mi antipopulismo congénito: cuantos más políticos conozco, menos me gusta la gente. Bromas aparte. Si todos los políticos mejoran drásticamente como ponentes, ¿por qué fracasan luego como gestores? ¿Qué pasaría si toda la sensatez, toda la voluntad de acuerdo, todo el reconocimiento de las verdades que pronuncia el rival fueran actitudes trasladadas de la retórica al Parlamento, a despecho del interés de sigla, y plasmadas en el BOE? ¿No montaría entonces cada español sobre su propio unicornio inmaculado?

Jorge Bustos | El Mundo


Luego usted fue de izquierdas.

Eso es generacional, entré en la universidad en el año 1972, empecé a hacer Periodismo y la universidad estaba muy politizada. Tenía ideas de izquierda y fui una persona con absoluto rechazo del franquismo. Sí, vengo de la izquierda. He salido muchas veces a la calle y he hecho cosas contra la dictadura, pero tenía dieciocho o diecinueve años, tampoco corrí ningún riesgo físico, lo hice como algo generacional.

Le marcaron unos viajes a las Rumanía y Bulgaria comunistas.

Fue en el año 80. No os podéis hacer una idea cómo era. Había una miseria espantosa. En el hotel, que era un hotel de lujo, no había ni leche, en la calle la gente te pedía dinero, las tiendas estaban vacías, había un miedo a la policía política de Ceausescu terrible. Me di cuenta que esos regímenes habían derivado en dictaduras totalitarias y que además no resolvían los problemas de la gente. Tenían un nivel de vida muy inferior al de España o al de los países occidentales. Después fui a la Unión Soviética y la misma impresión que tenía de Rumanía quedó corroborada. Me di cuenta de que eso había sido un tipo de regímenes frustrados que habían provocado dolor y represión y ahí me distancié.

También me marcó, en otro sentido, un viaje que hice antes a París. Estudié allí Filosofía durante un curso y estuve con grandes maestros de la filosofía francesa como Deleuze, como Lyotard, como Badiou. Aprendí muchísimo y entré en contacto con una realidad que no tenía nada que ver con la de España. Aquí vivíamos en pleno franquismo, la televisión oficial, en blanco y negro, era pura propaganda, los pocos medios que existían con vocación independiente, los pocos periódicos que había, tenían problemas con la censura. Existía además en esos años una especie de renacimiento de la extrema derecha del búnker y teníamos serias dudas de que España pudiera evolucionar hacia una democracia tras la muerte de Franco.

Entrevista a Pedro García Cuartango | Jot Down


A veces se me ocurre que el asunto de una buena educación no tiene tanto que ver con leyes ni presupuestos, ni con que se den estas o aquellas materias – aunque todo esto no deje de ser muy importante – , como con algo tan aparentemente lógico como que nuestros maestros y profesores sean los mejores entre los mejores ciudadanos. Solo cuando nos tomemos tan en serio (o más) la formación de los docentes como la de, por ejemplo, los ingenieros o los cirujanos, y les exijamos – y le permitamos desarrollar – a los aspirantes el grado de competencia, sabiduría y madurez que debe corresponder a un buen profesor, estaremos en vías de hacer algo, de verdad, por mejorar la educación.

Victor Bermúdez Torres | Filosofía para Cavernícolas


No deja de sorprenderme cómo los seres humanos reeditamos debates o hacemos afirmaciones que llevan refutadas décadas o incluso siglos. La falacia de que la destrucción crea riqueza es una de esas afirmaciones que, de tanto en cuanto, surgen cual ave fénix generalmente alentadas desde algún púlpito de autoproclamada superioridad moral. Ya Bastiat, hace más de 150 años, demostró la verdad a medias de esta argumentación con el ejemplo del cristal roto.

En esta historia, un pequeño granuja arroja una piedra a la luna de una panadería, haciéndola añicos. La gente, congregándose en las inmediaciones, comenta la mala suerte del panadero hasta que una persona dice: “bueno, al menos esto supondrá una ganancia para el cristalero”. De hecho, cuando el panadero pague al cristalero los 400 € que cuesta la nueva luna, éste dispondrá de ese dinero que gastará en otros establecimientos cuyos dueños, a su vez, consumirán en otros establecimientos. La riqueza correrá como una ola por el sistema económico de tal suerte que el granuja que arrojó la piedra poco más que es un benefactor público en lugar de un vulgar macarra. Si esto fuera cierto, entenderán ustedes que estaríamos todo el día destrozando cosas y seríamos un país de una riqueza inigualable.

¿Dónde está, pues, la falacia? Antes de arrojar la piedra, el sistema económico en su conjunto tenía 400 euros y una luna en manos del panadero, así como otra luna en stock en manos del cristalero. Es decir, dos lunas y 400 euros. Después de arrojar la piedra y colocar el cristal nuevo, el sistema en su conjunto tiene una luna en manos del panadero y 400 € en manos del cristalero. No se ha creado riqueza nueva. La destrucción no genera riqueza dentro del sistema, ¡la destruye! En definitiva, simplemente tenemos una luna menos y 400 euros que han cambiado de mano. Aquellos que tengan la tentación de pensar que el cristalero ha de reponer una nueva luna en stock y esto crea empleo neto en alguna fábrica de cristales, que piensen que el panadero iba a gastarse esos 400 euros en un traje nuevo que ya no podrá comprar, destruyendo (por el mismo argumento) empleo neto en la industria textil. Dejen de creer en los Reyes Magos: cambiar dinero de manos no genera riqueza. Por eso cuando el estado nos quita nuestro dinero vía impuestos y luego lo reparte en absurdos “planes E” no genera riqueza, porque simplemente está cambiando el dinero de manos y, de hecho, dándoselo a sectores que son improductivos, por eso necesitan que les den dinero.

Manuel Fernández Ordoñez | Desde el Exilio


Las diferencias en cómo percibimos el paso del tiempo han sido mi objeto de estudio durante más de 30 años. El tema me fascinó cuando hacía el doctorado en la Universidad de Illinois. Un día, en clase, el profesor nos mostró una entrevista con un quarterback de la liga de fútbol americano que explicaba que, durante los partidos, muchas veces tenía la sensación de que los otros jugadores se movían a cámara lenta.

¿Por qué se produce esta distorsión? ¿Qué la provoca?

Michael Flaherty | El País


La importancia que se le da a la autonomía en nuestra sociedad es inmensa. “En todas partes nos dicen que vamos a prosperar a través de un interés propio competitivo y un individualismo extremo”, argumentó George Monbiot el año pasado. Él cree que el neoliberalismo ha creado la soledad, y es difícil no estar de acuerdo.

Eleanor Morgan | Vice


Su problema fue ser demasiado brillante, demasiado raro, demasiado difícil de domesticar. Siempre despreció el poder, aunque sospecho que lo hizo por el pavor que le producía en lo que el poder podía convertirlo. A veces el mundo no es suficiente y uno ha de inventarse algo más sublime, más grandioso que su vida misma. Probablemente un obsesivo compulsivo, el cuerpo humano y sus funciones naturales le asqueaban de tal modo que es doloroso pensar cómo debía ser su sufrimiento. Se negaba con furia cualquier placer, excepto el de la velocidad. Le encantaba correr con su moto, ya que la velocidad Hacía que todo, que uno mismo se disolviese. A la salida de una curva se encontró con dos niños en bicicleta y le dió un golpe al manillar para esquivarlos: salió proyectado de la moto y se estrelló, sin casco. Murió cinco días después.

Jerof | CulturaEnCadena.com


Y es que, para los sumerios y los asirios el mundo de los sueños era tan real como el mundo normal. Pensaban que lo que se soñaba sucedía de verdad, pues de alguna manera el mundo onírico se relacionaba con el Mundo del Otro Lado (o mundo de los muertos e infierno). Durante muchos años se pensó que los mesopotámicos consideraban el Mundo del Otro Lado como un sitio localizado bajo tierra. Actuales traducciones y nuevos textos encontrados muestran una imagen distinta. Por lo visto, para ellos el mundo infernal coexistía como un mundo paralelo al nuestro. Los difuntos no podían interaccionar con los vivos mientras estos estuvieran despiertos pero, una vez dormidos, ambos mundos se fundían. Para un guerrero asirio, debía ser espantosa la idea de tener que hablar, una noche tras otra, con el soldado elamita al que había clavado una lanza. Y también hay que señalar que en ese momento de interacción entre ambos mundos, los espíritus y los difuntos podían hacer daño, tanto físico como espiritual. Para un mesopotámico muchas enfermedades eran el resultado de la interacción durante el sueño con un espíritu, un diablo o con un enemigo. Podemos, pues, imaginar el miedo del combatiente asirio cuando durante días y días, su víctima le habla, le amenaza y le tortura de múltiples formas.

Javier Sanz | Historias de la Historia

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