Pablo Iglesias: Democracia cultural

Hoy, cuando Piketty consigue redefinir las contradicciones del capital en el siglo XXI proponiendo la gobernanza global, vemos cómo nuestro Podemos insiste en el error de situar la “democracia cultural” en el centro del proyecto de izquierdas. Y lo hace promoviendo una visión radicalizada de la cultura propia, identificada con un principio soberano nacional. Lejos de anteponer la crítica a un sistema que sigue provocando desigualdad, se ha entregado al mercado de las identidades, alimentando el narcisismo de las pequeñas diferencias.

Marián M. Bascuñán

Origen: Pablo Iglesias: Democracia cultural | Opinión | EL PAÍS

Paisaje

Paisaje (mapa mental)La gran mayoría de la gente prefirió una representación realista a una abstracta, un espacio abierto a uno cerrado, que ese paisaje no sea bosque muy denso ni una extensa planicie, que contenga tonos azules (un 44% de la imagen, en promedio), muestre diversidad de vegetación con pequeñas agrupaciones de árboles y que contenga presencia humana y animal, así como de agua. Esa inclinación vendría acompañada además por paisajes de complejidad media que faciliten la exploración y la orientación en ellos (grupos de árboles, montículos, lagos, ríos…), así como una predilección por un punto de vista del entorno que permita perspectiva y refugio. Lo que se traduce en un lugar a ser posible elevado para facilitar la vigilancia pero que ofrezca al mismo tiempo resguardo para ver sin ser visto. ¿No es todo esto curiosamente similar a aquella descripción dada por Austen? Se trata en ambos casos del entorno más adecuado para sobrevivir, y por lo tanto una querencia perfilada generación tras generación por la selección natural.

Javier Bilbao | El paisaje fantasma de nuestros antepasados

Parcialidad

Sí, un juez tiene mucho poder y puede ser un fanático, un loco, un sujeto lleno de prejuicios, un corrupto. Pero objetivamente los jueces son más independientes que cualquier fiscal. El problema no es la unidad de actuación (pues es razonable que los fiscales se sujeten a criterios similares en su práctica), ni la jerarquía, su consecuencia natural. Ni siquiera lo es ese desiderátum llamado obligación de imparcialidad, en la medida en que el fiscal siempre es parte en un proceso. La imparcialidad es admisible como desiderátum si se piensa que el fiscal es magníficamente parcial porque su cliente es la sociedad. La sociedad tiene interés en que se persigan los delitos, en que se proteja a las víctimas, en que se dé amparo a los débiles, en que se vigile a los jueces. El fiscal se debe a su cliente y por ello puede ser más duro con aquellos presuntamente responsables. La diferencia con el juez es justo esa: el juez no tiene clientes. Ni siquiera la sociedad que le paga el sueldo es cliente del juez. El juez se debe exclusivamente al imperio de la ley. Un buen juez, en ocasiones, dicta sentencias contra la mayoría.

Tsevan Rabtan | El Mundo

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