Tao

-¿Qué es el Tao? -preguntó Chao-Chou.

-Tu conciencia ordinaria es el Tao -replicó el maestro Nan-chuan

-Pero ¿cómo podemos armonizarnos con él?

-Cuando lo intentas no haces más que alejarte de él.

-Pero ¿cómo podré, si no lo intento, conocer el Tao?

-El Tao -concluyó el maestro- es anterior al saber y al no saber. El conocimiento es falsa compresión y el no conocimiento es simple ignorancia. Si realmente comprendes el Tao que precede a la duda, coincidirás conmigo en que es como el cielo vacío. ¿Para qué derivar hacia lo correcto o lo equivocado?

Alan Watts en Tao: The Wathercourway 1

El té carece de la arrogancia del vino, del individualismo consciente del café, de la inocencia sonriente del cacao. (Vía)

Okakura Kakuzo |

Tener razón

Al ver claramente desde la propia observación de sí que la autojustificación lo mantiene donde está y es un proceso cuya finalidad es ésta, de modo que siempre tiene razón, a expensas de cualquier cambio o evolución de sí, y si al mismo tiempo tiene el propósito de cambiar, su poder para detenerlo será mucho mayor, porque entonces usted lo comprenderá y deseará hacerlo desde su propia comprensión. Al hacerlo, se dará cuenta del bien que logra para si. Entonces le será posible empezar a hacer un esfuerzo correcto. Porque si siempre tiene razón, nunca se equivocará, y al no equivocarse nunca, nunca cambiará. Sentir que se tiene siempre razón es cerrar el camino que lleva a cualquier cambio de sí.

Maurice Nicoll en Comentarios psicologicos sobre las enseñanza de Gurdjieff y Ouspenky I

Tengo un dragón lector en el jardín

imaginaciónEn su ensayo de 1974 ¿Por qué los estadounidenses tienen miedo de los dragones? (Why Americans are Afraid of Dragons?) Ursula K. LeGuin hace una interesante comparación entre los dragones y las obras producto de la imaginación (works of the imagination), y en particular de la literatura fantástica. Resulta interesante detenerse en un detalle: para LeGuin toda literatura es una obra de la imaginación, por ejemplo novelas tan dispares como La guerra y la paz o La máquina del tiempo pertenecen a un mismo plano, aunque sus temáticas sean distintas. Aún más interesantes son las razones que ofrece para explicar el rechazo de los estadounidenses a las obras de imaginación, y en particular a las de fantasía. Este rechazo, dice, no es una característica exclusiva de ellos y podemos encontrarlo en lugares como Francia, de hecho: si no fuera por Alemania e Inglaterra, países con una rica tradición fantástica, se podría creer que se trata de algo propio de países tecnológicamente avanzados, y que la cercanía con la literatura fantástica es consecuencia de una visión del mundo basada en el pensamiento mágico. Pero si algo refleja este rechazo a las obras de la imaginación, explica LeGuin, es una mentalidad puritana y machista en la que todo lo que se realiza por placer y no reporta intereses inmediatos es más que inútil: pecaminoso. Que un maestro lea, excelente. Es su trabajo, su obligación, le pagan para ello, pero que lo haga un ingeniero… Rodolfo JM | Revista Replicante

Teorías y civilizaciones

Nunca hace suficiente frío


… Os diré lo que pienso. En efecto, el mundo griego está muerto: subsiste moribundo, mientras otro mundo comienza a nacer. Como toda criatura de corta edad, la nueva civilización carece de la capacidad adulta de razonar, solo sabe imaginar y solo ansía crecer, como si no existiese en el mundo más que ella. Devora ciegamente cuanto alcanza y destruye cuanto ignora. Estoy de acuerdo contigo, Marcos, en que nosotros, los que pertenecemos a Grecia, estamos muertos. Pero vosotros os engañáis si creéis que vuestras razones, todas ellas tomadas… no diré robadas… a los griegos, dominarán ese río que crece. Caerán las bibliotecas, una tras otra, Porque cuando un grupo de personas es capaz de creer que un único libro es dictado directo de Dios, lo natural es que vea en todos los demás libros o bien enemigos o bien libros innecesarios, y que en ambos casos deben arder. Pero la filosofía griega fue precisamente la cura contra eso. El Logos no dicta un solo libro, los dicta todos y ninguno, porque tampoco ninguno está exento del error humano y ninguno, por tanto, puede ser enarbolado fanáticamente.

Hipatia de Alejandría | Diálogos en la caverna (Vía)


Imaginamos que que podemos ver e incluso sentir nuestra aura como una envoltura luminosa en forma de huevo o burbuja hasta que sintamos un cambio de conciencia donde experimentemos sensación de flotación y seguridad.

Sofía Yoldi | Shurya.com


A veces un pequeño cambio en el orden de las palabras es suficiente para darnos cuenta de la barbaridad que estamos diciendo. Ante la afirmación “somos adictos a los móviles” gran parte de la sociedad asiente entre sonrisas. Sin embargo, ante la afirmación “los móviles producen adicción” la sensación no es la misma. La segunda afirmación suena algo más extraña y quizás exagerada.

Juan García | Blogoff.es


Cuando a un niño le preguntan qué querrá ser de mayor, acostumbra a enumerar profesiones mitificadas como astronauta o futbolista. Difícilmente encontrarás a un renacuajo que aspire a ser jefe de recursos humanos u organizador de orgías.

Adriana Brisha | Yorokobu


El cerebro necesita entender lo que sucede. Si no lo entiende se lo inventa

Álvaro Bilbao | VozPopuli.com


Y esa búsqueda me ha llevado a la antigua Grecia y a la antigua Roma. Así que manténganse conmigo, porque esto da la vuelta completa. Pero, en la Grecia y Roma antiguas — la gente no creía que la creatividad venía de los seres humanos, ¿OK? La gente creía que la creatividad era este espíritu asistente divino que venía a los humanos de una fuente distante y desconocida, por razones distantes y desconocidas. Los griegos llamaron a estos espíritus divinos asistentes de la creatividad, “daimones.” Sócrates, popularmente se creía que tenía un daimon que le hablaba con sabiduría desde lejos. Los Romanos tenían la misma idea, pero llamaban a este espíritu creativo incorpóreo un genio. Lo que es genial, porque los Romanos no creían que un genio era un individuo particularmente inteligente. Ellos creían que un genio era este tipo de entidad mágica y divina, que se creía, vivía, literalmente, en las paredes del estudio de un artista, algo así como Dobby el elfo domestico, y que salía y asistía invisiblemente al artista con su trabajo y daba forma al resultado de ese trabajo.

Tan brillante — ahí está, justo ahí esa distancia de la que estoy hablando — ese constructo psicológico para protegerse de los resultados de tu trabajo. Y todos sabían que así es como funcionaba, ¿verdad? Así el artista antiguo estaba protegido de ciertas cosas, como, por ejemplo, demasiado narcisismo, ¿verdad? Si tu trabajo era brillante no te podías atribuir todo el mérito por él, todos sabían que tuviste este genio incorpóreo que te había ayudado. Si tu trabajo fracasaba, no era totalmente tu culpa, ¿saben? Todos sabían que tu genio era algo débil. Y eso es lo que la gente pensaba sobre la creatividad en Occidente por mucho tiempo.

Elisabeth Gilbert | TedTalk


… me interesó especialmente “La sociedad del cansancio” donde aborda en clave filosófica uno de los malestares omnipresentes en nuestras sociedades opulentas, eso que llamamos estrés y que en realidad representa ese mandato del Poder (el poder del poder) que ha venido a suplantar a este otro mandato: “el deber” en que crecimos aquellos que cumplimos la mayoría de edad en los 70.

Paco Traver | La agonía de Eros


Resulta curioso que mientras la ciencia ficción estadounidense tiende a la evasión, la británica ahonda en las miserias actuales. Es una decisión arriesgada. Pero como todo riesgo, obtiene su recompensa. Hay un público que busca la evasión y un público que disfruta con una taza de desesperanza tras otra.

Javier Meléndez Martín | Yorokobu


Historia del Arte me enseñó que la historia es historia, no teorías. La gente tiende a tratarlo todo en términos teóricos, cuando la vida no es teoría, la vida son experiencias concretas, históricas.

Santiago García | Jot Down

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