Valores clásicos

Los hippies se oponían a muchos rasgos culturales, que a nosotros tampoco nos gustaban en absoluto. Para distinguirse de los ejecutivos con su pelo corto y sus trajes de tergal, se dejaban crecer la cabellera, usaban ropa pintoresca y personal, sin desinfectantes ni desodorantes, muchos de ellos eran vegetarianos, y muchos practicaban el yoga o alguna otra forma de meditación. A menudo fabricaban su propio pan o practicaban la artesanía. La sociedad convencional les calificaba de «sucios hippies», pero ellos hablaban de sí mismos como «gente hermosa». Insatisfechos con un sistema de educación diseñado para formar una juventud para una sociedad que rechazaban, muchos hippies abandonaron la escuela, a pesar de que con frecuencia tenían mucho talento. Dicha subcultura era muy identificable y se mantenía muy unida. Tenía sus propios ritos, su música, su poesía y su literatura, una fascinación general por la espiritualidad y lo oculto, y una visión compartida de una sociedad pacífica y hermosa. La música rock y las drogas psicolélicas fueron poderosos vínculos que influyeron enormemente en el estilo de vida y en el arte de la cultura hippy.

Mientras proseguía con mi investigación en Santa Cruz, participé en la contracultura tanto como mis obligaciones académicas me lo permitieron, convirtiendo mi vida en algo un tanto esquizofrénico, consagrada la mitad del tiempo a mi investigación posdoctoral y la otra mitad a la vida hippy. Muy pocos de los que me recogieron cuando hacia autostop con la mochila al hombro sospechaban que fuese profesor, y aún menos, que acabara de cumplir los treinta años y por consiguiente, según el el célebre adagio hippy, no inspiraba confianza. Durante los años 1969 y 1970 experimenté todas las facetas de la contracultura: los festivales de rock, los psicodélicos, la nueva libertad sexual, la vida comunitaria y muchos días en la carretera. viajar era fácil en aquella época. Lo único que había que hacer era extender el pulgar para que se detuviera un coche sin problema alguno. Una vez a bordo, le solían preguntar a uno por su signo astrólogico, le invitaban a compartir un «porro» y se escuchaba la música de Grateful Dead o se entablaba una conversación sobre Hermann Hesse, el I Ching, o algún otro tema esotérico.

Los sesenta me brindaron sin duda las experiencias personales más profundas y radicales de mi vida: el rechazo de los valores «clásicos» convencionales; la libertad del desnudo colectivo; la expansión de la conciencia a través de productos psicodélicos y de la meditación; el retozo y la atención al «aquí y ahora». Todo ello producía una sensación permanente de magia, asombro y admiración, que para mí estará siempre vinculada a los sesenta.

Frijof Capra en Sabiduría Insólita (Editorial Kairós) [Google Books]


Parallax by mendhak, on FlickrImagen por mendhak en flickr

A veces, los padres saben de lo que hablan

Me burlaba de las tesis de mis padres de que si el gobierno en algún momento depusiera sus armas se abrirían las puertas del infierno. Nuestras previsiones enfrentadas se sometieron a prueba a las 8 de la mañana del día 17 de octubre de 1969, cuando la policía de Montreal se puso en huelga. Hacia las 11.20 se produjo el primer robo en un banco. A mediodía, la mayoría de las tiendas del centro de las ciudades habían cerrado a causa del pillaje. Steven Pinker en La Tabula Rasa

Verdad y seguridad

Ahora, a una idea, creencia o argumento no le preguntamos por su verdad, sino por quién la sostiene y qué interés persigue al hacerlo. De aquí el dogmatismo ideológico de nuestros tiempos, que no se basa en la creencia de tener razón sino en la convicción de que, no existiendo la verdad, nadie tiene derecho a imponernos su relato. Porque si no hay verdad, todo relato es imposición. Y, si no hay verdad, tampoco puede haber paz.

Ferran Caballero

Origen: Verdad y seguridad | Opinion Home | EL MUNDO

Verdades y monstruos

Visite nuestro mar


ESCRIBE Raymond Aron en sus Memorias una frase que se me ha quedado grabada: «Yo nunca he justificado lo injustificable apelando a la razón dialéctica». La historia está llena de ejemplos contrarios, de dictadores y líderes mesiánicos que justifican sus crímenes en nombre de la razón de Estado.

Pedro G.Cuartango


El propósito de la discusión es cambiar la naturaleza de la verdad.

Precepto Bene Gesserit

Dune. La casa Harkonnen por Brian Herbert & Kevin J. Anderson.


Rendererizado desde una imagen de Byflickr en flickrverdades_y_monstruos

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