Dispositivos

En marzo, un periódico de Berlín informó de que Nietzsche se «encuentra mejor que nunca» y, gracias a su máquina de escribir, «ha reanudado su actividad escritora». Pero el dispositivo surtió un efecto más sutil sobre su obra. Uno de los mejores amigos de Nietzsche, el escritor y compositor Heinrich Köselitz, notó un cambio en el estilo de su escritura. La prosa de Nietzsche se había vuelto más estricta, más telegráfica. También poseía una contundencia nueva, como si la potencia de la máquina —su «hierro»—, en virtud de algún misterioso mecanismo metafísico, se transmitiera a las palabras impresas en la página. «Hasta puede que este instrumento os alumbre un nuevo idioma», le escribió Köselitz en una carta, señalando que, en su propio trabajo, «mis pensamientos, los musicales y los verbales, a menudo dependen de la calidad de la pluma y el papel».

«Tenéis razón —le respondió Nietzsche—. Nuestros útiles de escritura participan en la formación de nuestros pensamientos».

Nicholas Carr | SuperficialeS