Uni-versi-dad

La autonomía sustrae el ámbito de la universidad al imperio de la ley, facultando a las universidades para crear su propia legalidad, de forma más o menos arbitraria. Las normativas suelen estar tan espantosamente redactadas que su aplicación precisa de una interpretación previa por parte de instancias controladas por los mismos funcionarios que las suelen redactar, lo que añade confusión. Pero da lo mismo, porque, incluso en los raros casos en que la normativa es más o menos inteligible, los departamentos pueden decidir, por votación mayoritaria, no aplicarla. Así, cuando estorban a las redes de intereses que controlan la universidad las normas que ellas mismas han impuesto, las conculcan apelando a la democracia de base, y si alguien protesta, los capos de las redes responden que la normativa iba a cambiar en breve, o que no se aplica en orden a un valor superior que suele ser «el beneficio de los estudiantes». El modelo es, obviamente, el mismo de las «democracias totalitarias» como la venezolana. Los podemitas no se formaron en la Universidad Bolivariana. La española fue (y es) su mejor caldo de cultivo.

Jon Juaristi

El precio de la muerte

Todo el mundo sabe que en el campo de la pintura lo mejor que le puede pasar a un artista es palmarla. Porque en los lienzos la muerte del autor implica una revalorización instantánea del trabajo previo y esto es un hecho tan universalmente reconocido como para que la propia cultura popular lo haya aceptado como irrefutable: cuando un personaje fallece en el videojuego Los Sims, todos los cuadros que ha realizado durante su vida digital aumentan súbitamente de valor.

Diego Cuevas

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