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Eran las dulces mujercitas que se sentaban en el balancín del porche a soñar en el amor mientras contemplaban mágicas noches estrelladas, con aromas de verano. Eran espejos, pues sus mismas imágenes reflejaban a las personas significativas en sus vidas. Medían su importancia por los servicios que prestaban, sobrevivían asesinando sus expectativas centímetro a centímetro, y un día despertaban locas de furor.

Patricia Cornwell | La Jota de Corazones

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