Un diálogo con Laxmi

-Entonces… ¿un río no es un cauce de agua?

-Puede serlo… si lleva agua. Todos hemos caminado por cauces secos y los llamamos ríos.

-Te refieres a formas… conceptos que usamos sin comprender realmente su significado.

-Algo así. Como cuando hablas del silencio entre notas, siendo igual de importantes.

-O el vacío que lo inunda todo.

-O la taza de té zen que se desborda con la siguiente gota.

—Volviendo al río, lo vemos en presente, aunque sabemos que el agua que está pasando en este momento…

-…no es la misma que la que había hace un rato.

-¿Y cuál sería la esencia del río? ¿Su cauce, su agua?

-Difícil saberlo es, parafraseando a Yoda. Nuestra mente sólo ve partes, como en la famosa moraleja del elefante.

-Luego lo mejor es no pensarlo.

-Quizás contemplarlo, aprehenderlo.

-Y eso sin tener en cuenta que nosotros mismos somos distintos cada vez que miramos al río.

-Si conseguimos acordarnos de que somos otros.

-El río es el tiempo, el río es el tiempo, es forma en tierra, es tierra húmeda.

-No olvides el sonido. La vibración del río.

-Si es que no es la vibración del agua.

-Un nuevo engaño de la mente.

-Una forma de ilusión, más que un engaño. Un acertijo.

-El agua fluye, el tiempo fluye.

-Como la mente… si la dejamos.

-O el sonido al reverberar.

-Ecos…

Del plato a la boca

¿Por qué usar cubiertos puede no ser la mejor forma de llevar comida a la boca? | Yorokobu

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Mapa mental basado en ¿Por Qué Usar Cubiertos Puede No Ser La Mejor Forma De Llevar Comida A La Boca? de Sergio Parra | Yorokobu

Hormigas

Los turistas somos como hormigas. Tener una en la cocina ya es un síntoma. Cuando hay centenares, es un problema.

Cuenta Iñigo Domínguez en El País | ¿Qué hacemos con los turistas? como hemos convertido los parajes turísticos en centros comerciales.

Es asombrosa nuestra capacidad gregaria. Nos gusta hacer lo que los demás hacen. Casi nos deprimimos si no vamos a ‘disfrutar’ de las vacaciones a un mugriento chiringuito de playa, con paellas recalentadas, moscas insidiosas y ruido pachanguero de fondo. O si el médico nos ha prohibido tomar el sol, encerrados en un autobús con otras sesenta personas, para ver el paisaje urbano o campestre desde un cómodo asiento casi televisivo, mientras pasan las horas y los escenarios en un sin cesar que impide paladearlos.

Ni siquiera sabemos por qué lo hacemos, ya sea la imitación, el estatus o el aburrimiento, salvo por las fotos que tienen un cierto sentido si son discretas y casi misteriosas pues nos permiten recordar lo que no contemplamos mientras estábamos allí. Si no lo son, parecen un impuesto más.

No vamos nosotros en el viaje sino una especie de clon interpersonal creado para la ocasión. Es un tipo casi indiferente a un equipaje demasiado pesado y voluminoso, sumido en la depresión más profunda y camuflada en una resistencia que ya querría un soldado.

Y no es precisamente la guerra, sino la economía, el problema. A medida que se suman euros y kilómetros, cafés y tapas, se observa peligrosamente la sequía bancaria, con cálculos y estimaciones sobre el número de días que quedan y la depreciación de la moneda en una inflación galopante que lleva a pensar en términos macroeconómicos.

Términos que suponen que ver un par de cuadros casi cuesta más que comprarlos. Que esa camisa de oferta sale tres veces más cara que la que está a tres minutos de tu casa, teniendo en cuenta que has visitado ocho tiendas en los últimos cinco días y que has terminado comprando ante el agobio de volver sin nada del lugar.

Salvo, claro, la comida que has tomado apresuradamente entre museo y autobús. Comida que o se parece sospechosamente a la que tomarías en un bar de carretera o es similar a la que tomaste en tus últimas vacaciones.
Lleno el buche de recuerdos y el cerebro de comida vuelves a casa tan cansado que optas por la verdad absoluta.

—¿Qué tal las vacaciones?

—¡Cortas!

Un eufemismo que tu interlocutor conoce perfectamente mientras se vuelve creyente después de siglos y espera que no dispares la ametralladora de videos 4K de tu móvil. La fe es lo último que se pierde.

Sombras chinescas

Es muy esclarecedor el artículo de Deepak Chopra sobre Trump y al mismo tiempo preocupante.
¿Cómo puede manejar una sociedad el lado inconsciente de sus individuos?
¿Cómo distinguimos una sana rebelión contra las normas impuestas de una destrucción sin sentido?
Trump desdeña la conciliación, descalifica al contrario y no es compasivo. Se muestra arrogante e inflexible. Las características de la sombra son distintas. Chopra habla de cómo Trump busca la sombra de los individuos pero, en mi opinión, Trump promueve el desencanto, alienta que se exprese. Los americanos ya no suben con tanta facilidad en la escala social, les empieza a costar llegar a final de mes como a cualquier hijo de vecino y temen al futuro.
La sombra consiste en el horror al presente, en la imposibilidad de congeniar los impulsos individuales ocultos con el entorno social, moral y espiritual. Un individuo que se halla inmerso por impulsos provenientes de la sombra busca su destrucción o siente que todo es inútil. No está tan interesado en lo que le ocurre a los otros.
El voto a Trump ha sido un voto de castigo. Esos votantes no creen que en un futuro mejor. Sólo quieren ser escuchados. Y no lo han conseguido.
Los demócratas y el resto del mundo no entendimos el desencanto que trasluce en la sociedad americana. Una sociedad que está envejeciendo. Bienvenidos al club.

Shiva

  • Shiva
    • actúa como
      • destructor/transformador de lo innecesario
    • guía en tiempos de cambio
    • es representado como
      • animal
      • hombre
      • mujer
    • es un dios
      • perteneciente al hinduismo
      • supremo del shivaísmo
    • es uno de los aspectos de la trimurti (tres formas)
    • es venerado como
      • lingam
    • quiere decir auspicioso
    • se le describe como
      • bailarín cósmicov o Nataraj
      • meditador
      • padre de familia
      • yogui omnisciente

(Fuente: Wikipedia)