Turismo carcelario

El paroxismo del mal gusto y del viaje tóxico lo encontramos en esos paquetes de todo incluido que nos depositan en un resort de Punta Cana rodeado de vallas electrificadas para que no podamos salir del recinto, y lo que es más importante, que los locales no puedan entrar en él. Pulseritas para la barra libre de mojitos, y tras siete días de excesos etílicos y grasas no saturadas, ocho horas de avión de carga y vuelta al cubículo, a esperar la próxima ocasión para escapar. Antonio Dyaz

 

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